«Magnifica
humanitas»
CLAVES PARA COMPRENDER
LA PRIMERA ENCICLICA DEL PAPA LEON XIV
León XIV ha publicado su primera encíclica «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial». El documento ve la luz 135 años después de la Rerum novarum de León XIII, que inauguró el magisterio pontificio contemporáneo sobre la llamada «cuestión social».
Esta efeméride confiere a Magnifica humanitas un
cariz especial. Antes de abordar el tema central de la encíclica, León XIV ha
querido sintetizar la doctrina
social de la Iglesia a lo largo de estos 135 años y detenerse en el
estatuto teológico de esta enseñanza. La encíclica es, en consecuencia, un
texto extenso —245 puntos— que no solo afronta los desafíos de la inteligencia
artificial, sino que repasa y actualiza la doctrina católica sobre las grandes
cuestiones sociales: política, economía, trabajo, familia, educación y paz, a
la luz de la era digital.
Ofrecemos a continuación una síntesis de las ideas
principales del documento.
Una revolución comparable a la de la Rerum
novarum
El Papa considera que la revolución informática posee una
relevancia semejante a los cambios sociales y económicos que impulsaron a León
XIII a escribir la Rerum novarum. Por eso ofrece una reflexión
profunda sobre estas cuestiones haciendo especial hincapié en la inteligencia
artificial.
Una de sus primeras ideas es que todos los hombres puedan
beneficiarse de la revolución digital, y no solo unos pocos: «Un orden social
justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a
las oportunidades, protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al
odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de
las tecnologías, de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la
dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80).
Humanismo cristiano y discernimiento tecnológico
León XIV se sitúa en la tradición del humanismo cristiano.
El Pontífice se pregunta si las innovaciones tecnológicas «¿contribuyen
realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y
fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?» (86),
y trae a la consideración unas palabras de Romano Guardini: «El hombre moderno
no está preparado para utilizar el poder con acierto» (93).
«El progreso técnico, apunta el Papa, valioso en sí mismo,
requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los
fines que persigue» (95). No se trata de rechazar la revolución digital, pero
tampoco de aceptarla acríticamente.
¿Qué distingue la inteligencia humana de la artificial?
Uno de los fragmentos más significativos es aquel en el que
León XIV distingue la inteligencia humana de la artificial: «hay que evitar el
equívoco de equiparar esta "inteligencia" a la humana. Estos sistemas
imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la
superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en
numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al
tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una
experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no
maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el
trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral:
no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni
asumen el peso de las consecuencias» (99).
El Papa advierte asimismo del riesgo de la comodidad que
ofrece la tecnología: «La velocidad y la sencillez con la que es posible
obtener indicaciones, elaboraciones complejas, contenidos mediáticos y formas
de asistencia concreta simplifican nuestras vidas, pero también pueden
acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando
el juicio personal y la creatividad» (100).
La IA no es moralmente neutra
Una idea importante de la encíclica es que «no podemos
considerar a la IA como moralmente neutra» (104). El Papa hace un llamamiento
decidido a quienes desarrollan sistemas de IA para que traten «con la debida
seriedad los valores que infunden en sus proyectos: con transparencia, con
responsabilidad hacia las comunidades involucradas y con atención a verificar
que lo que se cultiva sea realmente un bien» (111).
La persona, llamada a la relación, no a la optimización
León XIV señala que la eficiencia no debe convertirse en la
medida del valor humano: el ser humano «es tentado a considerarse como un
proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y
a la comunión» (112). La salvación no viene de la técnica, sino de Dios: «una
cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es
dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una
"salvación" puramente técnica» (117).
En este mismo sentido, el Papa subraya una diferencia
esencial entre la lógica del algoritmo y la experiencia humana: «Para un
algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser
el inicio de un cambio profundo. El futuro de una persona no es calculable,
sino que está confiado a su libertad ―elevada por la inagotable gracia divina―
y a las relaciones que cultiva» (128).
Un humanismo que no rechaza la ciencia
León XIV lo afirma con claridad: «El humanismo cristiano no
rechaza la ciencia ni la técnica, sino que las asume con gratitud y realismo, y
las sitúa "con los pies en la tierra" dentro de una vocación más
alta. La inteligencia creativa del ser humano es un don que puede aliviar
sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero debe permanecer ordenada al
bien común, a la justicia, al cuidado de los frágiles y de la creación. En este
sentido, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino
entre dos modos de construir: un progreso que sirve a la persona y a los
pueblos, o un progreso que los doblega a lógicas de poder» (129).
Educación, jóvenes y trabajo
El documento dedica una atención particular a la educación
de los jóvenes en el uso de la tecnología. El Papa advierte que «Tener un
teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los
adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes,
exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la
presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles» (141).
También urge promover en la escuela «una verdadera higiene
de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura,
análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse
comprometida» (146).
En el ámbito laboral, la encíclica es igualmente clara: «Sin
duda, es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente
pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la
actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los
puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. El objetivo de
obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen
sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y
el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común»
(152).
Colonialismo digital y paz
El Papa aborda asimismo la existencia de un colonialismo
digital, tanto por la mano de obra que se explota en los procesos de la
industria digital como por la recopilación de datos que no se emplean
justamente. En definitiva, se trata de que la era digital no deshumanice al
hombre, sino que se persiga una sociedad fundada en el respeto a la persona y
la paz entre los pueblos.
El Papa alude a la superación del concepto de "guerra
justa" siguiendo ya una enseñanza expresada por el Papa Francisco. No se
trata de anular la licitud de la legítima defensa (enunciada en el Catecismo de
la Iglesia Católica), pero sí la de ser críticos con los discursos belicistas y
trabajar por una cultura de la paz. En este sentido, las redes sociales y demás
instrumentos digitales, incluida la IA, empleados mal, pueden ser muy eficaces
para promover las confrontaciones entre países y grupos sociales. Por eso León
XIV pide una apuesta decidida por la paz y por la búsqueda de alternativas a la
guerra.
León XIV no ignora cómo la inteligencia artificial puede
ponerse al servicio de la guerra, y reivindica «instrumentos mucho más eficaces
y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el
diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a
las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias
desastrosas para las poblaciones civiles» (192).
Conclusión cristológica
El documento concluye con un horizonte cristológico,
exaltando la Eucaristía y el papel de la Virgen en la historia de la salvación:
«Lo que salva al hombre es el amor divino que desciende hasta el punto más
frágil de su historia y la regenera desde lo profundo» (222).
La última idea que deja el Papa es una invitación a la
esperanza y a la responsabilidad: «educar a las nuevas generaciones para que
logren creer que la evolución de las tecnologías no sigue un camino inevitable,
sino que puede estar orientada por la responsabilidad personal y colectiva,
constituye uno de los servicios más valiosos al bien común» (238).
Antonio Barnés.
Universidad Complutense
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