lunes, 16 de febrero de 2026

MIERCOLES DE CENIZA- 2026



MIÉRCOLES DE CENIZA (CICLO A)

 Joel 2,12-18. Rasgad los corazones y no las vestiduras

 Salmo 50. Misericordia, Señor, hemos pecado

2 Corintios 5,20-6,2. Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable

 Mateo 6,1-6.16-18. Tu Padre que ve en lo secreto, te lo pagará

COMENTARIO A LAS LECTURAS

 Comenzamos hoy el tiempo de cuaresma: un tiempo para la preparación, para la disposición personal y comunitaria ante la fiesta de la Pascua que se aproxima. En este tiempo habrá una palabra que se nos repetirá sin cesar: "conversión". Se trata de que cambiemos nuestra vida para hacerla más acorde con la voluntad del Señor, que quiere que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad.

 La Iglesia, Madre y Maestra, nos proporciona además, una serie de prácticas para ayudarnos en este camino de la conversión. Esas prácticas (ayuno, abstinencia, oración, limosna...) tienen una meta común: hacernos conscientes de que lo importante en nuestra vida somos nosotros y Dios, no nuestras cosas, nuestros alimentos o nuestros dineros, o nuestras manías, ya que de todo eso podríamos prescindir.

 Pero estas prácticas cuaresmales no son lo importante, son únicamente medios. Lo importante es poner nuestra mirada en Cristo muerto y resucitado, cuyo misterio celebraremos en el santo Triduo Pascual. Contemplemos, pues, la cuaresma también en su aspecto más positivo ya que la cuaresma no está hecha para mirar sólo hacia atrás, sino también hacia adelante. No es para contemplar lo que dejamos, sino lo que vamos a conseguir de parte de Dios. La cuaresma no es negativa; si a algo decimos “no” es para librarnos de los apegos desordenados y correr libres y gozosos hacia la plenitud de Dios. La cuaresma nos enseña que para volar hay que soltar el lastre de nuestro pecado y suficiencia.  

Hoy, miércoles de ceniza, es el atrio de la cuaresma. La liturgia de este día nos quiere concienciar sobre el sentido y el espíritu de este tiempo por medio de la Palabra de Dios que hemos escuchado, por las oraciones que dirigimos nuestro Señor y por el rito de la imposición de la ceniza.

- La imposición de la ceniza, que a continuación haremos, quiere recordarnos la fugacidad de la vida, nuestra propia fragilidad e inconsistencia. Todo es ceniza, nada tiene valor, cuando no lo situamos en una adecuada jerarquía frente a Dios. El signo procede de las antiguas celebraciones penitenciales de los judíos y expresa el profundo dolor por los pecados cometidos. Ahora, este signo, iluminado por la primera lectura tomada del profeta Joel, quiere expresar nuestro profundo arrepentimiento y nuestras ansias de conversión. También nosotros hoy debemos hacer nuestro el mensaje del Señor: «Convertíos a mí de todo corazón: con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones, no las vestiduras: convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas.»

Y también debemos hacer nuestra la oración del salmista: «Misericordia, Dios mío por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa...»

- Las oraciones y la segunda lectura nos advierten que entramos en un tiempo precioso, en un «tiempo de gracia». Por eso es preciso prepararse, sobretodo por dentro, en el corazón, que contemplemos frente a frente nuestra propia miseria y nuestro propio pecado, nuestras zonas oscuras para que sea Cristo el que las llene de su luz.

- El evangelio, espléndido, nos habla de la oración y la

 penitencia que agradan a Dios. Es una llamada a la verdad, a la

 autenticidad, a la limpieza de corazón

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