El discurso
completo de Liliana Sáenz de la Torre en nombre de las víctimas de Adamuz
durante el funeral en Huelva
Liliana rinde homenaje a
"los 45 del tren" y hace un llamamiento a la búsqueda de la verdad y
la paz desde la fe y el recuerdo
La intervención de Liliana Sáenz de la Torre, hija de Natividad de la Torre, la abuela onubense fallecida en el accidente de Adamuz, ha sido uno de los momentos más emotivos del funeral celebrado este jueves en el palacio de los deportes Carolina Marín de Huelva. Sus palabras, en la recta final de la ceremonia en representación de las familias onubenses de los fallecidos, fueron muy aplaudidas en un discurso lleno de emotividad y con un mensaje muy claro en favor de esclarecer las causas del siniestro.
Liliana, acompañada por
su hermano Fidel en todo momento en el atril del altar, ofreció
palabras cargadas de dolor pero también de una inmensa gratitud, con un desgarrador
homenaje a "los 45 del tren", destacando la solidaridad de
los pueblos de Adamuz y Huelva, y un llamamiento a la búsqueda de la
verdad y la paz desde la fe y el recuerdo.
A continuación reproducimos
el discurso íntegro pronunciado por Liliana Sáenz de la Torre, como
testimonio de las víctimas en el funeral de Huelva.
"Majestades,
excelentísimas autoridades civiles y eclesiásticas que nos acompañáis. Hoy,
cuando el vendaval que recorre nuestro interior parece intentar calmarse,
queremos empezar estas palabras dando las gracias.
En primer lugar, gracias a
nuestra Diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta
despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios
que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino bajo la mirada de su madre,
en su advocación cinteña. Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo
creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo. Gracias a los
que nos acompañáis por amor, por compasión, por empatía... Gracias, incluso, a
los que lo hacéis por agenda.
Gracias a la sanidad andaluza,
sin duda sostenida por los profesionales que la integran. Yo sé lo que es
volver a casa de una guardia mala y abrazar a tus hijos porque sabes que
alguien ya nunca podrá volver a hacerlo con el suyo. Yo sé lo que es intentar
sanar el cuerpo de alguien que tiene el alma herida de muerte... tuvo que ser
durísimo, compañeros, gracias. Gracias al personal y voluntarios de Cruz Roja,
que no han soltado nuestra mano en ningún momento... si no puedes curar,
alivia... si no puedes aliviar, consuela... si no puedes consolar, acompaña.
Gracias a nuestras
instituciones autonómicas, que se pusieron de frente desde el minuto cero,
soportando el caos y los envites de nuestra propia angustia... permitidme, no
obstante, una crítica a la lentitud de la información pues, creedme, es mejor
saber que imaginar. Gracias también, como no, a las pequeñas corporaciones
locales cuyos vecinos iban corriendo la voz de que algo grave estaba azotando
los cimientos de la comunidad sintieron nuestro quebranto como el suyo
propio... querida Pilar, queridos alcaldes... habéis demostrado que hay que ser
grandes como personas para poder ser grandes como servidores públicos.
"Infinitas gracias a
Huelva"
Y gracias, infinitas gracias a
Huelva, nuestra querida ciudad bendecida por el sol, que no ha dejado de
arroparnos de una forma extraordinaria, haciéndonos llegar la grandeza de su
amor y su propio dolor, intentado así que el nuestro fuera un poco menos desgarrador.
Y así han ido pasando los días y el dolor va dejando paso a los recuerdos y
nuestro corazón, aún con la misma espada clavada, empieza a esbozar pequeñas y
tímidas sonrisas cuando mil estampas pasadas irrumpen continuamente en nuestra
mente.
Yo tendría algo más de pocos
años cuando un día le pregunté a mi madre... "mami, ¿tú cuánto dinero
ganas?"... supongo que sería algo que hablábamos entre chiquillos...
"lo justo, cariño" -me dijo ella- "porque lo que queda en mi cuenta
a final de mes, no es mío"... "¿y de quién es, mamá?", le
pregunté porque no lo comprendía... "de los demás", me dijo ella. Así
era mi madre... generosa con todo lo que tenía, generosa con sus ganas,
generosa con su tiempo, generosa con sus sonrisas... así era ella.
Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo 18 de enero no era sólo una cifra... eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios... eran vagones llenos de esperanza. Porque ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran nuestros padres,madres, hermanos, hijos o nietos. Ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas. Ellos no sólo son los 45 del tren... ellos eran la ilusión de buscar un futuro mejor, la alegría de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con nuestros seres queridos... ellos eran eso que ya nunca serán. Porque ellos no son sólo los 45 del tren, ellos eran parte de una sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estamos dando cuenta. Ellos no son sólo los 45 del tren... pero son los 45 del tren.
Y nosotros... nosotros somos
las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 7:45 de aquella fatídica
tarde. Somos las 45 familias que se abrazaron en aquel centro cívico, donde el
paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al
llanto cuando empezamos a comprender en el lento avance de las horas que
volveríamos sin ellos. Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada
crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no
damos es el que más recordamos. Somos las 45 familias que cambiarían todo el
oro de este mundo, que ahora no vale nada, por poder mover las agujas del reloj
tan sólo 20 segundos. Y también somos las 45 familias que lucharán por saber la
verdad porque sólo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará.
Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos
desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de
la Virgen ahora duermen y el regazo de una madre que los quiere es quien los
mece.
Virgencita de la
Cinta, patrona de este gran pueblo, dales paz, serenidad, descanso eterno.
Virgen bella,
virgen guapa, no los sueltes de tu vera, que no sientan el dolor, que no
sientan la miseria.
Que el amor y la
verdad los cobije para siempre y en el abrazo de Dios la vida venza a la
muerte.
Madre de la
Almudena, virgen que guía el camino, llévales el beso mudo, ese adiós que no
les dimos.
Remedios, madre
querida, reina del Aljaraqueño, bríndales tus firmes manos que ya nunca tengan
miedo.
Madre del amor
hermoso, reina de la Victoria, Dolores del negro luto, concédeles tú la gloria.
Y guía también
nuestras vidas, humilde Virgen del Sol, y que la misericordia lata en nuestro
corazón.
Haz que cese este dolor, Virgen morena del Carmen, llévate esta cruel espada con la espuma de los mares.
Y tú, Virgen del
Rocío, la que alumbra mis desvelos, la que siempre me acompaña cuando me rompo
por dentro, abraza sus corazones y llévales un suspiro con una canción de amor
por los años compartidos.
Diles que tenemos
paz y que seremos valientes, que el odio no nacerá en la rabia que nos crece.
Que volverán las
sonrisas y seguiremos viviendo y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos.
Diles tú, Blanca
Paloma, Pastora de la Rocina, que siempre los sentiremos con el sol o con la
brisa, y que con fe esperaremos a que llegue ese momento en el que Dios nos
abrace y así volvamos a vernos.
Descansen en
paz."
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