para que Ella la forme a semejanza de Jesucristo y la defienda
de todo peligro”. P. Reina
La Iglesia, en su sabiduría, pide a sus hijos que estén pendientes de la
Madre de manera especial durante este mes y sean particularmente agradecidos por todos sus cuidados.
Recordemos que Ella permaneció al pie de la cruz y que, después de la Ascensión de Jesús, estuvo presente en los comienzos de la Iglesia. María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y a conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia. El mes de mayo es un tiempo propicio para:
Reflexionar en sus principales virtudes. María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
Vivir una devoción real y verdadera a María. Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa: Mirar a María como a una madre:
Contarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.
Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.
Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.
Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.


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