El P. Joaquín Reina SJ fue un hombre movido por el Espíritu Santo, toda su vida
fue un buscar en todo y ante todo la voluntad de Dios, para él y para quienes
entraron en contacto con él. Su vida y sus escritos son la mejor prueba de que
fue un hombre de oración. En la oración fue donde alimentó su vida y su
espiritualidad, por eso, es para nosotros un maestro de vida interior. Estas dos
tardes quieren ser: un aprender de él a orar, a entrar en contacto con
Jesucristo, a través de su Corazón.
En los escritos del P. Reina SJ descubrimos
unas pautas que nos van ayudar a como relacionarnos con Jesucristo, El es el
camino para llegar a la relación con Dios. Dios es Amor y se nos revela a través
del Corazón humano de su Hijo. Orar es un dialogo de amor entre Jesucristo y
nosotros: “Es Jesucristo y tú debes darle lugar y arrojarte en sus brazos. Él me
va a hablar a mí. Él es el que va ahora oponerse en comunicación con tu alma. Tú
debes entregarte a Jesucristo y pensar que Él sabe cómo nadie lo que a ti te
hace falta. Cuando tú vas, por ejemplo, a un médico, vas a explicarle lo que te
pasa y estás deseando: “A ver si este doctor entiende lo que yo tengo, a ver si
él se da cuenta de la causa de estos dolores que yo padezco...” Cristo nuestro
Señor es el Supremo Médico, que lo conoce todo. Te conocía cuando tú estabas,
como dice la Escritura, en el seno de tu Madre. Él te ha ido siguiendo durante
todos los días de tu vida. Él te ama como nadie sabe amarte. Te quiere bien y
por eso te ha llamado. Quiere estos días de intimidad. Es necesario que tú
escuches su voz. Que no te contentes con hablar solo. Hay almas que convierten
la meditación o la oración en un monólogo. No, hace falta que el Señor nos
hable. Nos hace falta oír su voz suave (...) Tú no cuidas tu alma como debías de
cuidar. ¿Tú te recoges en el interior de tu alma a pensar en cómo das gusto al
Señor? Es muy conocida aquella poesía del célebre indio Tagore. Voy a referiros
algo de ella para que vosotros veáis la necesidad que tenéis de ser generosos
con el Señor. Ya sabéis como ese indio, tiene sentimientos cristianísimos y
aunque no llegó a convertirse se educó con religiosos y dice él: "Era un mendigo
que iba con su saco pidiendo limosna y en un sitio le daban un poco de trigo, en
otro un poco de maíz y en otro un poco de pan y así hacía él su cosecha cada
día. Pero él soñaba en encontrarse con el rey... decía entonces ya tendría yo
una buena limosna y podría hacer algo para salir adelante. Efectivamente, un
día, como una visión de gloria, vio venir la carroza del rey y dice del Rey de
la gloria (Aquí late un sentimiento divino) aquel Rey era Jesucristo. Él se
disponía a pedirle al Rey, pero vio que el Rey se venía hacia él y le pedía:
¿Qué me das? Entonces, un poco decepcionado, cogió solo un granito de trigo de
los que le habían dado y se lo puso en las manos. El Rey no dijo nada. Se
marchó, pero aquella noche, cuando yo fui a volcar mi saco, dice Tagore, me
encontré con que me lo había devuelto convertido en un grano muy grande de oro.
¡Qué pena me dio no haberle dado lo que yo tenía, incluso mi corazón! ... Eso es
lo que a ti te puede ocurrir y lo que a ti te ha ocurrido, quizás muchas veces
cuando has hecho oración. El Señor te estaba esperando para pedirte algo a ver
que le dabas tú. A ver con qué resolución venías a hacer los Santos Ejercicios.
A ver si tú te decidías romper con aquello que de alguna manera iba a ser un
impedimento para ti. Porque puede ser que tú tengas alguna amistad, que te mires
demasiado a ti misma y hagas de tu propio yo el centro de todo en vez de que tu
centro sea Jesucristo. El Corazón de Cristo está lleno de gracias para ti. Lo
que siente es no podértelas dar porque tú solo le das un granito como el mendigo
de Tagore y Él se queda mirándolo y te lo devuelve convertido en algo muy
grande, pero no es lo que Él esperaba de ti.” (Plática preparatoria para los EE
del P. Reina SJ) Acabamos de ver en este texto del P. Reina SJ que orar es
ponerse a la escucha, una escucha que nos interpela y nos invita a la
generosidad. El P. Reina SJ nos enseña que la oración es una cuestión de amor.
Jesucristo nos ama, nos quiere hablar, espera nuestra escucha y acogida y nos
pide nuestro tiempo, pero sobre todo nos pide nuestro amor. 2 Orar es dejarnos
AMAR: “Si nos acercamos a las páginas del Evangelio, vemos como Cristo Nuestro
Señor quiere llevarnos al amor a su Padre. Nos decía que el camino para ir a su
Padre Eterno era Él: Nadie va al Padre sino por mí. El que me ve a mí ve a mi
Padre. Por eso tenemos que enamorarnos, entusiasmarnos con Jesucristo para
llegar a conocer al Eterno Padre. ¡Cómo nos habla Jesús siempre de su Eterno
Padre, como de un Padre de bondad, como de un Padre que tiene una Providencia
extraordinaria de sus hijos, como un Padre que nos conoce, porque Él dice: ¡Aun
los cabellos de tu cabeza están contados y ni uno de ellos caerá sin permitirlo
mi Padre Celestial! Cómo nos habla esa mirada providente de nuestro padre y ese
es el primer pensamiento que yo quisiera arraigar en esta meditación: Que tienes
un Dios que te ama, que te conoce y que está deseando estrecharte entre sus
brazos por toda la eternidad, si tú no lo impides por ese suicidio horrible que
sería cortar ese hilo de oro que te une con el Padre por el amor. ¿Tú has
tratado siempre a Dios como a un Padre? Dios es un Padre que te ha creado, te ha
traído a la existencia por amor. Cuantos pobrecitos desgraciados dicen: ¿Para
qué me habrá traído a mi Dios a este mundo? Para sufrir, para ser un
desgraciado. No digas eso. Si tú eres un desgraciado es porque vuelves las
espaldas al Señor. Si tú eres un desgraciado es porque no consideras a Dios como
un verdadero Padre. Tú conoces amores humanos, pero no conoces el Corazón de
Dios, esas misericordias infinitas del Señor. Dios, como ya sabes, había
preparado un palacio suntuoso al primer hombre y a la primera mujer y había sido
feliz la vida de aquellos dos seres en los días que precedieron a la
prevaricación del paraíso. Pero, ¡ay!, ellos perdieron aquel palacio. En los
planes de nuestro Señor no entraba más que el amor: Que nosotros hubiésemos
vivido en el amor a nuestro Padre, que esa corriente de amor que brota del
Corazón de Dios, se hubiera derramado en nuestro corazón para hacernos
completamente felices como felices hará a los bienaventurados en el cielo. El
hombre trastornó aquellos hermosísimos planes del Señor. El hombre le volvió las
espaldas. Fue un ingrato. Dios lo tuvo que echar del paraíso. ¡Cómo le tuvo que
doler a Dios (hablando a nuestro modo de entender por qué claro que Dios no
puede sufrir) el arrojar a aquellos hijos suyos de aquel palacio! Pero Dios fue
tan bueno que nos hizo perder, por completo, la felicidad humana, la que puede
gozarse en este mundo. La otra tierra donde nosotros estamos es también palacio
y nosotros vemos esos astros del espacio que nos encantan en las noches
tranquilas verano y podemos ver ¡qué grandeza la de mi Padre, la de mi Dios! Ese
es tu Padre y es Padre de la criatura que se crea más miserable, más
desgraciada. Un pobre enfermo, el raquítico... tiene por Padre a Dios, aunque
ella no lo ame. Dios se refleja en ella. ¡Qué triste es que haya almas que pasen
por el mundo sin conocer que Dios las ama y mueran sin haber conocido ese amor!
Dilata tú tu corazón. ¿Por qué muchas veces tu vida es una vida raquítica? ¿Por
qué te quedas como enana en el camino de la vida espiritual? ¿Por qué no dilatas
tu corazón ante Dios que es tu Padre? Él ha ido preparando estas cosas
maravillosas del mundo. Él ha ido preparando esos ríos que te dan el agua para
refrescarte. Él ha ido preparando esas rosas, esas flores que te recrean con su
perfume. Él ha hecho brotar en nuestros corazones esa chispa de fuego sagrado,
llamas de amor para que nos amemos unos a otros. Si nosotros no trastornáramos
los planes de Dios, si no hubiera pecados... Yo he soñado alguna vez en que
hubiera un mundo, al menos una nación en que de tal manera reinara la Ley de
Dios, que no fueran necesario ni la policía ni las cárceles, que todo el mundo
viviera por amor, que todo el mundo tratara de ayudar a sus hermanos. ¡Ay, qué
pena que no exista ese mundo en donde no reine ni impere más que Dios! Por las
pasiones humanas hay tantas guerras y por eso hay tantas catástrofes. Dios las
tiene que permitir porque los hombres están olvidados de Él. Dios mío. Tú eres
mi Padre y yo te conozco a Ti. Padre mío, ¡ay si de mi corazón al tuyo no
hubiese más que una línea recta, que yo no caminara más que por esa línea,
buscándote a Ti, Dios mío! Buscando tu amor nada más ¡Tenemos que ser peregrinos
de ese amor, porque hemos nacido del amor de nuestro Señor! 3 Cuando el pueblo
de Israel salió de Egipto, cuando se encaminó hacia la Tierra Prometida, Yahvé,
Dios, lo protegía, ¿y cómo lo protegía? Con aquella nube que los defendía de los
rayos del sol durante el día. Nube que se volvía incandescente de noche para
alumbrarles en medio de las tinieblas. Era Dios el que les pronunciaba todo lo
que necesitaban...” (Plática Principio y fundamento EE del P. Reina SJ) El P.
Reina SJ en este texto que acabamos de ver, nos manifiesta el centro de su
espiritualidad el AMOR. “El amor me lo explicó todo.” (San Juan Pablo II) Por
eso toda la espiritualidad del P. Reina SJ va a girar en torno al símbolo del
Corazón. Ese Corazón va a ser su vida, porque en ese Corazón está el manantial
inagotable del Amor. Orar es conocer a Cristo por dentro, entrar en su Corazón:
“...vamos a hablar de ese amor que el Corazón de Jesús nos tiene a nosotros y
como tenemos nosotros que corresponder a ese amor. Cristo, nuestro Señor, nos
abre su pecho, nos abre su Corazón y, con ese gesto maravilloso, nos está
diciendo que nos ama. Yo quisiera que vosotros, sobre todo los que no habéis
oído hablar mucho del Corazón de Jesús, que ahora saquéis esa ciencia divina.
¡Sublime conocer este interior de Cristo! Ya sabemos cómo San Pablo nos dice que
Él está llamado a darnos a conocer las riquezas insondables encerradas en Cristo
y pudiéramos comenzar con una especie de alegoría sacada de una de las
revelaciones que tuvo el P. Bernardo de Hoyos, cuya canonización se está
esperando de un momento a otro. Ya sabéis lo veremos esta tarde que en el
monumento al Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles está la figura del P.
Bernardo de Hoyos, aquel íntimo confidente del Corazón de Cristo y que recibió
su mensaje: “El Corazón de Jesús reinará en España y con más veneración que en
ninguna parte del mundo”. Cristo nuestro Señor tuvo una manifestación al Cristo
nuestro Padre Hoyos: Ve el P. de Hoyos a Cristo nuestro, pero dice que aquellas
palomas eran de tres clases, que había unas que estaban quietas mirándole a Él,
como queriendo descubrir algo en su interior y, habían acertado a entrar,
finalmente, otras llagas del Costado para hacer el nido en su Corazón. Y le fue
a él revelado que esas tres clases de palomas significaban tres clases de almas
puras, almas buenas que eran palomas blancas, pero también las almas son de tres
clases: Hay almas que se contentan con un conocimiento superficial de
Jesucristo. Lo contemplan si a través de las páginas del Evangelio y lo admiran.
Parece que sienten cierto atractivo hacia Él, por su Bondad, por su
Misericordia, pero no aspiran a más. Se contentan con eso, un conocimiento
superficial. Pero dice que había otras almas y esas están simbolizadas en la
segunda clase de palomas, que sienten como intranquilidad esa como divina
impaciencia de penetrar en los divinos tesoros encerrados en Cristo porque
parece como que sospechan que en el interior de Cristo hay unas riquezas
insondables, unas riquezas investigables. Y que, finalmente, las que habían
hecho el nido en el Corazón de Cristo son las que llegaban al conocimiento de
Cristo porque lo conocían a través de su Corazón. Pues Cristo nuestro Señor está
pendiente del Madero de la Cruz y nosotros nos preguntamos: ¿Por qué ha muerto?
No era necesaria la muerte de Cristo, no era necesaria para la Redención del
mundo. Entonces, ¿por qué ha muerto? Viene Longinos con la lanza a practicar la
autopsia de ese divino cadáver, rasga el pecho del Salvador. ¿Qué es lo que nos
presenta? El Corazón... El Corazón era el gran verdugo de Jesucristo. ¡Amaba
tanto! Y el amor de Cristo, el amor que el Eterno Padre nos tenía... pedía que
su hijo se sacrificara de aquella manera y que derramara hasta la última gota de
su Sangre por nosotros. Cuando ya nos había dado todo, nos entrega el Corazón
roto, partido de dolor y amor por nosotros. Y ahora estamos en un momento álgido
de los Ejercicios. Vosotros habéis venido aquí y tenéis que salir con unos
deseos de generosidad muy grandes: Que es un Dios el que os lo ha dado todo: Os
ha creado. Os está dando toda la Creación, pero no es solamente eso. Es que el
Eterno Padre os entrega a su mismo hijo, y que Jesucristo, después de habernos
entregado 4 su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía, su perdón, su palabra, su
Madre, ahora nos entrega el Corazón roto de dolor y de amor por ti y, sabiendo
que es un Corazón de Dios, tú, ¿qué le darás? ¿Cuál va a ser tu correspondencia?
¿El granito de trigo pequeño del mendigo de Tagore? ¿No te entregarás
completamente a lo que el Señor te pide? ¿Y si te pide el corazón entero no se
lo darás? ¿No querrás una entrega total a Él? ¡Qué pena! ¡Cuántos mendigos que
no dan más que granito de trigo como dio al Rey el mendigo de Tagore cuando el
Rey le pidió algo de su saco de limosnas! El Señor te lo devolverá como el Rey
al mendigo y mucho más ventajoso, no ya un globo de oro, sino cielo eterno. Pero
siente no poder darte más. Tenemos que ser generosos de veras, entregarnos por
completo a nuestro Señor. Hoy, al que te ha librado del infierno; óyelo, hija.
Alguno dirá: “Es que yo he sido muy bueno. Pero, tú hubieras visto otros
ejemplos, ¿qué hubiera sido de ti? Sabe Dios”. Fíjate bien: el Corazón de Cristo
está abierto para ti y te está llamando. ¿Acudes a la cita que te da Cristo? La
oración, el trato con el Señor que hace al alma dirigirse hacia arriba. Si
nosotros queremos dar a la Iglesia lo que ella nos da, tenemos que acudir a esa
cita que nos da el Señor...” (Plática del Corazón de Jesús y la oración EE P.
Reina SJ) La oración para el P. Reina SJ es esencial para nuestra vida, es la
que nos ayuda a dar sentido a todo: sentirnos profundamente amados, capaces de
amar y de ser amados. En la oración nuestro corazón se ensancha, se dilata, se
abre para acoger el Amor con el que somos amados y para darlo. Orar para el P.
Reina SJ es entrar dentro de ese Corazón que tanto nos ama y ahí vivir, amar,
descansar, luchar, sanar... Orar es estudiar a Jesucristo para seguirle e
imitarle: “Vamos ahora a ver, con la gracia de Dios, como el Corazón de Cristo
nos invita a nosotros a seguirle. Pero nosotros ahora tenemos un remedio que es
mirar a Jesucristo que nos dice: "El que me sigue a mí no anda en tinieblas".
"Yo soy la luz del mundo". Él nos está invitando a todos a que le sigamos y eso
es lo que tenemos que hacer, seguirle. ¿Por qué camino hemos de seguirle? Ya lo
vamos a ver muy pronto. Pero para seguirle hemos de aprender a amarle. Por eso
tenemos que insistir en ese amor a Jesucristo, en ese polarizar nuestra vida
hacia Él, del tal modo que toda ella no sea más que amarlo. Vamos a ver su
amabilidad. Cómo es acreedor a que nosotros le amemos. A ti ¿te han hablado de
Jesucristo? Tú sabes que un día Jesucristo fue invitado por un hombre rico que
se llamaba Jairo porque su hija, una jovencita, estaba grave, se estaba
muriendo. Jesús inmediatamente se puso en camino, se encontró con las
plañideras, los tocadores de flautas... Todo aquello indicaba que ya había
corrido la voz: “La niña ha muerto.” Los que vieron a Jesucristo dijeron: El
Maestro llega tarde. Pero Jesús dijo: “No está muerta la niña, está dormida.” Se
rieron de Él, pero Él pasó adentro de la casa, juntamente con sus tres
discípulos y los padres de la niña. Efectivamente, la niña estaba en el suelo.
Ya sabéis que las camas en Palestina, se reducían a una estera que se desplegaba
durante la noche para dormir y se recogían de día. Cristo nuestro Señor, de
rodillas ante aquella niña, le toma la mano y le dice: "Levántate."
Inmediatamente, aquella niña abrió sus ojos. Eso tiene su significado: Ese
despertar al amor de Jesucristo no sabemos lo que puede hacer. San Pablo
despierta: Cuando cayó en el camino de Damasco, se le apareció Jesús y él dijo:
"¿Quién eres?" "Yo soy Jesús a quien tú persigues". Y se levantó Saulo
convertido en apóstol de fuego, que polarizó su corazón hacia Jesucristo. 5 Se
entrega completamente a Él: "Señor, ¿qué quieres Tú que yo haga?" Ya le dijeron
lo que tenía que hacer. Si tú despiertas, si llega para ti esa hora del
despertar del alma, esa hora del despertar del corazón para el amor de
Jesucristo. Si tu corazón se abriera como una rosa a este Corazón Bendito de
Cristo para seguirle ya toda su vida... Pero para eso es necesario que tú
conozcas a Jesucristo. Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. ¿Tú sabes todo el
alcance de esa palabra? ¡Jesucristo, Dios y Hombre! En cuanto Dios es la Segunda
Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo de Dios. El Eterno Padre tiene ese
Verbo que es como para nosotros nuestra idea, y, por lo tanto, mirando Él al
Verbo, realizó todas estas maravillas que hay en la Naturaleza. Son copias
descoloridas, sí. Y, juntamente, todo cuanto bello, cuanto grande, cuanto
pudiéramos imaginar, está encerrado en ese Verbo de Dios que es Jesucristo. Si
tiendes la vista por toda la Creación, ¡cómo te habla la Creación de bellezas!
¡Cómo te recrea esa armonía de los pajarillos! ¡Cómo te recreas, viendo fuentes,
las montañas, los árboles! ¿Cómo te recreas con el perfume de las rosas, de los
claveles, de los jazmines, de las violetas? Y todo ello, ¿qué es? No es más que
una indicadora de esa belleza inmensa que está en el Verbo de Dios. Y tú sabes
que hay personas amables, de corazón tierno, almas dulces, almas heroicas y todo
eso que hay de hermoso, de bello, de grande en esos seres, no es más que una
copia muy descolorida de la belleza inmensa del Verbo de Dios que está en
Jesucristo. ¡Tú te recreas en tantas cosas del mundo! ¡Cuántas avecillas!
¡Cuántas aves de plumaje variado! Allí en América, aquellos colibríes,
aquellas... Un Padre decía: Todas las primaveras veíamos pájaros nuevos que no
conocíamos. Esa profusión de maravillas que se encierran en el fondo de los
mares... Algo muy hermoso, algo muy sensible es el cielo estrellado. Pero, ¿qué
es esa belleza? Una copia muy pálida de la belleza inmensa de Jesucristo, el
Verbo de Dios que, en cuanto Dios, lo encierra todo. Por eso San Pedro le decía:
¿A dónde iremos, si Tú solo encierras palabras de vida eterna? ¿A dónde iremos a
buscar hermosura? ¿A dónde iremos a buscar amor? ¿A dónde iremos a buscar
grandeza? Todo está eminentemente encerrado en ese Verbo de Dios, y ese Jesús se
hizo Hombre. ¡Y en cuanto Hombre que vida la de Jesucristo! ¡Aquel Jesús que no
puede ver una desgracia sin extender su mano benéfica para remediarla! ¡Aquel
Jesús que vibra con la Naturaleza! ¡Qué hermoso se muestra Jesús en sus
comparaciones, en sus discursos! ¡Qué orador! ¡Cómo lo seguían! Lo seguían por
todas partes y se olvidaban de su sustento. ¡Era tal la belleza de su palabra!
¡Tenía tal encanto en su Corazón! ¡Ay! Todos, después de haberlo visto, tenían
que decir: ¡Qué buen Corazón tiene! Un rasgo particular del Corazón de
Jesucristo. De un modo particular parece que se complace en las almas puras y
virginales. Jesucristo estrecha a los niños, los sienta sobre sus rodillas. A su
discípulo virgen le permitió que se reclinara sobre su pecho y, Él, nos dio a su
Madre. Puede ser que a ti el Señor te diga: Sacrifícamelo todo, entrégame el
corazón completamente con ese amor entero, indiviso todo para Cristo. Y ahora,
¿tú quieres conocer de veras a Jesucristo? Te hace falta el trato con Él. Te
hace falta trato con Jesucristo en el Sagrario, porque Jesucristo ahí está
prolongando su Encarnación y su vida humana sobre la tierra. Si tú todos los
días haces un rato de oración, si tú todos los días te acercas al Sagrario, si
tú todos los días te acercas a Jesucristo, llegarás a conocerlo, a enamorarte de
Él, que es lo que hace falta: Almas de verdad enamoradas, apasionadas por
Cristo, que lo lleven en el corazón y que sean capaces de irradiarlo y darlo a
conocer a los demás. Pero hay algo más, hija mía: Nosotros sabemos que la Virgen
Santísima conoció a Jesús como ninguna criatura. Acercarnos a ese Corazón
bendito de la Virgen Santísima para que Ella nos acerque al 6 Corazón de Jesús.
En el Corazón de Jesús hay encerradas grandezas infinitas. Hay riquezas
insondables y nosotros nada podemos por nosotras mismas, pero todo lo podremos
si nos acercamos a ese Corazón.” (Plática del seguimiento de Jesucristo hay que
conocerlo de los EE del P. Reina SJ) Orar es entregarse a los pobres: El P.
Reina SJ nos enseña que es en la oración dónde aprendemos a tener un corazón
como el de Cristo. Un corazón misericordioso, cercano a los que sufren y
solidario con los más necesitados. Orar nos ayuda a estar cerca, a ser sensibles
a los que sufren. “Yo soy manso y humilde de Corazón”. Son palabras de
Jesucristo. Pero vino Jesucristo al mundo... ¡ah, si no hubiera venido
Jesucristo! Pero vino y amó la pobreza, de obra y de palabra. Amó la pobreza de
palabra, la enseñó; Él dijo “bienaventurados los pobres de espíritu porque de
ellos es el reino de los cielos”. ¡Bienaventurados!: he aquí una palabra
sorprendente en el mundo aquel y en el mundo nuestro de hoy, que parece y cae
como una bomba: “bienaventurados los pobres” A ver quién se preocupa por el
pobre, quien ama la pobreza. En las conversaciones se dice a veces: “Debíamos
suprimir tal cosa”. Pero ¿quién la suprime? Y vemos levantar una casa a un señor
que de pequeño fue `pobre, pero tuvo afán de riqueza. Cristo enseña la pobreza
de palabra y dice también: “Id malditos al fuego eterno porque tuve hambre y no
me disteis de comer y tuve sed y no me disteis de beber y estuve desnudo y no me
vestisteis, enfermo y no me visitasteis en los hospitales. Id malditos al fuego
eterno”. Yo no invento estas palabras. Son de Jesucristo. Y dice Santo Tomás
comentándolas: “Cristo Nuestro Señor a nadie condena por faltas veniales, cuando
Él dice “por no hacer limosna id al fuego eterno”, el no hacer limosna tiene que
ser pecado mortal. Y nos vamos a adentrar en la luz del Corazón de Cristo y
¡alerta! Aquellos cuyo dinero aumenta vertiginosamente ¡alerta! Que Cristo ha
dicho “el que no busque en los pobres, lo que hicierais con ellos conmigo lo
hacéis”. Estas palabras ¿necesitan algún comentario? Pero os invito a leer la
vida de Santa Ángela de Folignos: no sentía devoción en la Comunión, ni en la
oración. ¡Una idea feliz! Voy a buscar a Jesucristo en los Hospitales. Y como
una madre se pone al servicio del enfermo más pobre, y decía al Salir: “Salgo
del Hospital como si acabara de comulgar”. Pensemos bien sobre esto, y ahora
mirad: yo tengo obligación de ser caritativo con el pobre y este es obligación
mía ¿es grave? ¡Sí, es grave! Id malditos al fuego eterno porque tuve hambre y
no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber”. Señor: ¿cuándo te
vimos hambriento? “Lo que no hicisteis con el pobre no lo hicisteis conmigo”.
¿Qué se sigue de no cumplir este mandato? Lo que psicológicamente tiene que
seguirse: se endurece el corazón hasta un grado que sería increíble sino lo
dijeran esos hospitales de perros y gatos; sería increíble si no viéramos esa
familia que compra carne para el gato y no paga lo suficiente a la criada. Y
vemos ese Jefe de la fábrica que gana fabulosamente y vemos a un pobre empleado,
su obrero, que solo le alcanza el dinero quince días del mes. Y vemos ese pobre
empleado que no puede casarse, porque ¿quién se casa con trescientas pesetas? Y
el amo gana mucho. Esta es la primera consecuencia de la codicia. Y ahora ¿qué
ventajas se siguen de hacer limosna, ese mandamiento de Dios? Primero, abre el
Antiguo Testamento: “Los que hacen limosna son dichosos”. Un caso: una ciudad
del Norte, la hija de unos marqueses enferma de puro aburrimiento. Un médico
amigo de la casa muy caritativo dice: “yo la curo en un domingo por la tarde, La
lleva a las guardillas más altas de Bilbao a ver a una pobre mujer enferma,
tuberculosa, con cuatro niños enfermos. La joven le da una limosna y cuando
aquella madre le dio las gracias, ella se conmovió y al salir decía: “Ahora soy
feliz” ¡Y qué feliz va! Tenía el alma vacía y se llenó del corazón de Dios. Esto
ya es una ventaja. Pero además el corazón del limosnero, adquiere
insensiblemente, inconscientemente, gracias de fe en el corazón y en el
entendimiento. Va recibiendo una fe más viva, una luz nueva, se va aproximan do
a los Sacramentos y tarde o temprano, se convertirá. Dice San Jerónimo: “Nunca
ha oído decir que muera impenitente un hombre caritativo. Pero además de las
gracias de fe, recibe gracias de corazón gracias de santidad y de perseverancia.
Es decir: salva su alma, porque psicológicamente se explica que un corazón
misericordioso se vaya 7 ablandando y cuando Dios da esas gracias especiales y
coge ese corazón misericordioso, Dios lo convierte y perseverará. Corazón de
Jesús, podríamos preguntarle: ¿qué prefieres que comulgue y te visite o que haga
limosna a un pobre? Y te diría: “las dos cosas son excelentes porque si haces
limosna... porque si comulgas... Señor, enséñame a conseguir esa vida, porque
los vaivenes del mundo moderno, los afanes de la codicia, me han estropeado el
criterio cristiano. ¡Que yo no piense de distinta manera que Tú! Y voy en el
autobús y llega un pobre....Y cuando toca a tu puerta o llega a ti ese empleado,
cómo te molesta. Sé caritativo, llénate de Dios, ten fe y comienza tu caridad
con los pobres. ¿Has visitado las cuevas de Almería? Porque es posible que aquí
haya hombres y mujeres que nunca se han molestado en visitar esas cuevas de
Almería. Yo no te digo que vayas ni dejes de ir, pero si tienes un poco de
corazón... No me preguntes dónde haré yo limosna. Y te pregunto: ¿Has visitado
el Hospital? Yo no te digo que lo visites, pero no me digas que no sabes hacer
la caridad. Y vas por las calles de Almería, y te encuentras con esa pobre joven
que está en gran peligro porque no tiene cinco pesetas diarias. Y yo te digo: si
tienes un corazón encendido en la caridad de Cristo serás diligente en buscar
dónde hacer limosna, no como las señoras del gran mundo que quedan satisfechas
porque una vez al año asisten a un baile de caridad. ¡Mentira! ¡Qué no es baile
de caridad! O porque una vez se sentaron en una mesa de la Cruz Roja. Pero se
conforman con eso. Y cuántos hombres: que el tabaco es caro ¿Y qué importa pagar
el triple? Y que hay que comprarlo de estraperlo ¿y qué importa? Es el
despilfarro. “Id malditos al fuego eterno”. Criterios sanos; que yo tengo que
tener un criterio sano, que tengo que examinarme bien, y no contentarme con
decir que el pobre “tenga resignación” sino que primero le daré cinco pesetas y
luego le diré que tenga resignación en Dios. Y a esa pobre madre, en lugar de
decirle “confíe en Dios” primero recomendaré a sus hijos para que los coloquen
donde puedan, y luego le diré que confíe en Dios. Así. Hoy celebramos la fiesta
de San Luis Gonzaga y podríamos hacer una estadística curiosa. Si leéis el Año
Cristiano, que todos los días debías leerlo, porque ayuda mucho para la fe y
para tener verdaderos criterios, veréis ¡qué desfile de santos que hicieron de
su vida un acto continuo de caridad con los pobres! Pero es inútil que el Papa
clame que el mundo está mal. Es inútil que digamos que Estados Unidos... que
Inglaterra, que Rusia... ¿y qué importa? Ya sabemos que hay más pobres cuanto
haya más estraperlo; ¿y qué importa? Si la codicia ha endurecido los corazones.
Por eso cuando veas a una señora del gran mundo que tiene el corazón encogido,
triste... no la envidies, que lleva un eco tras de sus pasos: “Id malditos al
fuego eterno” Y Cristo mira al Hospital y a las cuevas... ¿Y por qué en vez de
esos bailes caridad que es mentira, y no van a esas Asociaciones de visitas a
los pobres, o al ropero semanal? ¿Por qué no piensas un poco? Es que no
reflexionamos, porque es más cómodo sentarse en el pull-man de la pereza, porque
tengo un suelo estupendo. ¡Oh, cuánto pobre en Gran Canaria¡ Yo quisiera haber
dicho esto después de visitar las cuevas de Almería para ir diciendo lo que he
visto una por una , pero vuestra delicadeza se resentiría. En esta novena del
Corazón de Jesús tenemos que pensar en amar al pobre, que yo tengo hermanos
enfermos que son los pobres. Decía San Juan cuando estaba en la cárcel y llegaba
aquel emisario: “¿Eres tú el que esperábamos? Decid a Juan que los pobres son
curados y son evangelizados” Tú qué me dices que me amas, ama al pobre de todo
corazón y te diré: “Ven bendito de mi Padre a poseer el reino de los cielos
porque tuve hambre y mediste de comer, tuve sed y me diste de beber... “Señor:
que no lo recuerdo. ¡Oh, qué divino archivero es Cristo! “Aquella limosna que
diste al pobre, a Mí me la diste”. ¡Oh Corazón de Jesús qué cinta magnetofónica
que conserva todo! Señor: yo estoy triste en el banquete de la vida, no hay nada
que alegre mi juventud, sólo tú, Divino Corazón, hazme que participe de tu
amistad y dame un intenso amor a mis hermanos, los pobres.” (Novena al Corazón
de Jesús, día sexto, del P. Reina SJ) 8 La vida es el gran DON que Dios nos ha
regalado. La vida se puede vivir de muchas maneras, lo vemos en nosotros y lo
vemos en los demás. El P. Reina sj nos dice que la mejor manera de vivir la vida
es alabar a Dios, en esa manera de vivir la vida seremos los hombres y las
mujeres más felices del mundo. Orar es alabar a Dios: “Tenemos las cualidades
que el Señor nos ha dado. Ha habido hombres con gran talento que han deslumbrado
al mundo y ha habido otros que apenas han tenido el talento suficiente para ser
Obreros Regionales. ¡Y cuántos de estos hombres de muy poco talento, de muy poca
cabeza, se han santificado, Él se ha volcado en esas almas y están en los
altares! Veamos otro punto. No solo tenemos que alabar al Señor, sino también
reverenciarlo. A un padre se le tiene reverencia. ¿Se la tenemos a Dios?
¿Vivimos en la plena confianza de que tenemos un Dios que es Padre y que, por lo
tanto, tenemos que obedecerle, reverenciarle y unirnos a su voluntad? Los santos
eran felices porque se unían a la voluntad de Dios. Pero esa voluntad bendita a
nosotros muchas veces se nos presenta en forma de cruz. No quiere decir que
nosotros no tengamos que sufrir. Puede ser que tengamos que sufrir mucho con
dolores, con enfermedades, con pérdida de seres queridos. Pero ¡cómo endulza
todo eso cuando hay verdadero amor de Dios en el corazón! ¡Cómo se besa esa mano
como la besaba Job cuando decía "Es la mano del Señor que me ha tocado"! Si es
un Dios todo amor el que te pone esa cruz sobre los hombros. No quiere que la
lleves arrastrando, sino que la lleves, sirviéndole con cariño, con amor. Si tú
tienes el corazón lleno. Si tú trabajas por las almas, si ese amor que tienes a
Jesucristo florece en amor al prójimo ¡Ah!, entonces tendrás una vida llena.
(Plática sobre el Principio y Fundamento de los EE del P. Reina sj) Orar es
desear lo que Cristo desea: estar con Él: “Jesús está predicando allí en
Palestina, rodeado de inmensa muchedumbre que lo sigue por todas partes. Hay un
momento en que Jesús muestra lo que tiene dentro del Corazón; más que nunca en
algunos instantes la manifiesta esto. Siempre hablaba de la exuberancia de su
Corazón, pero yo imagino aquel momento en el cual Cristo nuestro Señor,
dirigiendo una mirada a sus Apóstoles: "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el
mundo si pierde su alma?” Si nosotros tuviéramos verdadera fe como Cristo nos
dice... Pero, ¿qué significado tienen las palabras de Jesús? ¿De qué le sirve al
hombre ganar todo el mundo? Y después aquel sentimiento profundo y aquel suspiro
de su Corazón que tuvo, sin duda en aquellos momentos, cuando dijo: “El que no
crea se condenará, perderá su alma para siempre”. Hay almas que están dispuestas
a perderlo todo antes mil veces que la gracia divina; no venden su alma. Miren,
yo ciertamente, me echo a temblar porque yo antes no le pedía al Señor:
“Consérvame la fe” y hoy sí se lo pido porque parecían personas buenas y que,
sin embargo, están vendiendo su alma. Tenemos que asirnos a Jesucristo. Tenemos
que asirnos al manto bendito de la Virgen Santísima. Tenemos que decir: “No
permitas, Señor, que yo me pierda, no permitas que de un mal paso en mi vida.”
Tentaciones hemos de tener y hoy, más que nunca, estamos oyendo esa falsa
doctrina: Dicen que nada es pecado, que nada tiene importancia. ¡Ay!, nosotros
mismos podemos caer. Yo tengo el triste recuerdo de personas muy avanzadas en la
vida. Han dado traspiés espantosos. Decía San Ignacio que el demonio hace como
un general que está estudiando una fortaleza, a ver el punto flaco. Hay a quien,
después de muchos años, le ha atacado el demonio por algún afectillo que tenía,
a veces por la vanidad, a veces por lo más insignificante y parece
incomprensible como demonio se ha valido de eso para derribarla y llevarla a la
condenación eterna. No hay que ponerse en peligro. San Pedro se puso al fuego
con los enemigos de Jesucristo y allí lo negó. San Juan había entrado con él,
pero no se acercó al fuego. San Juan estuvo mucho más cauto, tuvo el cuidado de
sí mismo y no cayó. 9 San Pedro se fio de sí mismo. Había dicho poco antes: "Yo
no te negaré” y lo negó no precisamente delante de los leones del circo o de las
hogueras, sino delante de aquella mujercilla ciega y perjura que no conoce al
Señor. Fue una caída vertical por haberse puesto en la ocasión. No nos pongamos
nosotros en la ocasión. Tengamos cuidado de huir del peligro. Porque hay
personas que dicen: "Como hoy lo que hay es eso" y están formando parte de los
que están en estos momentos pisoteando la Sangre de Cristo. Si cuando estaban
hiriendo, ofendiendo al Señor, tú te hubieras presentado entre aquellos
verdugos, y hubieras estado hablando y bromeando con ellos, y hubiera entrado la
Santísima Virgen y te hubiera mirado, ¿qué cara te hubiera puesto? ¿Le hubiera
gustado verte entre aquellos? Aunque tú dijeras: Yo no le estoy ofendiendo, tú
estabas allí en donde se pisoteaba la Sangre del Señor. Los santos que tenían
cuidado con la modestia de la vista, los santos ¿qué eran? ¡Unos raros! Los
santos están canonizados por el Espíritu Santo y la Iglesia, al canonizarlos,
los ha puesto como modelos, luego no debían estar descaminados... ¿Tú crees que
cuando el Señor llamó a Judas era malo? No, era bueno, tenía muy buenas
cualidades, pero ¿qué le pasaba? Era avaro, era codicioso y no combatía esas
pasiones. El demonio lo cogió por el punto flaco y por ahí lo combatió. Que
nosotros no nos dejemos llevar de nuestras pasiones, que no dejemos que echen
raíces. Pidamos al Corazón de Cristo esa gracia: Dios mío, Tu santo temor. Que
no vaya yo por el camino equivocado. En unas será la pasión de la soberbia, en
otras la vanidad o la codicia. ¡A cuántos ha derribado el demonio por una pasión
o por otra! El caso es que los ha echado fuera del camino recto, del camino de
la salvación eterna.” (Plática La salvación del alma de los EE del P. Reina sj)
Orar es dejarnos alcanzar por la luz que es Cristo: “Yo soy la luz del mundo, el
que me sigue no camina en tinieblas, sino que tiene lumbre de vida”. Son
palabras de nuestro Señor Jesucristo, según S. Juan, capítulo 8, versículo 12.
Jesús llegó. La muchedumbre se apiñó a su alrededor y Jesús, con gran voz, dijo:
“Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tiene
lumbre de vida”. ¿No parece que las palabras de Jesucristo en este marco tienen
un sentido especial? “Yo soy la luz del mundo”. No aquella columna que alumbraba
a nuestros padres peregrinos por el desierto, ni la luz de los candelabros que
hacéis para conmemorar la nube de fuego. ¿Quién es este hombre tan osado, tan
atrevido, que enfrente de Israel y enfrente de aquellos sacerdotes que cantaban
“nuestros padres mirando a oriente adoraban al sol, pero nosotros te adoramos a
Ti nuestra luz”, se atrevía a decir estas palabras? ¿Quién es este hombre que a
todos nos dice (a ellos y a nosotros a través de los tiempos) “Yo soy la luz del
mundo”? ¿Tú sabes Maestro, lo que estás diciendo? ¿Qué conciencia de tu propia
personalidad tienes? “Luz del mundo”. Y no es la primera ni la última vez que
Jesucristo pronuncia estas palabras osadas. Una noche, hablando con ese doctor
Nicodemo, le decía. “Yo he venido a este mundo para ser la Luz, pero el hombre
ha amado más las tinieblas que la luz, y ama más las tinieblas, porque sus obras
eran malas y huían de la luz para que no se vieran, porque el que obra bien ama
la luz. Y en la última Pascua de su vida, el Domingo de Ramos, después de la
entrada entre palmas y de su gran triunfo, repitió: “Yo he venido como la luz a
este mundo para que todos los que crean en Mí, no permanezcan en tinieblas”. Y
el apóstol San Juan, que parece que ama apasionadamente la luz, al narrar la
aparición de Jesucristo en este mundo, dice en ese Evangelio que se lee al fin
de la Misa. “La luz vino a este mundo y las tinieblas no la comprendieron”. Y
uno se acuerda de una palabra mesiánica del capítulo noveno de Isaías, que
decía: “Que el pueblo que se sentaba entre tinieblas vio una gran luz, y los que
estaban a oscuras vieron como un sol”. “Yo soy la luz del mundo”. Comprenderéis
que estas palabras tienen un sentido figurado, metafórico, que se aplica al
terreno moral y religioso. ¿Cómo es Cristo la luz del mundo? ¿Para qué sirve la
luz? En primer lugar, sirve para la visión, pues aunque los hombres podamos ver,
si no hay luz, no nos sirve la vista, por eso, en plena noche no podemos ver las
figuras ni los colores. Indirectamente, a través de la visión, la luz significa
alegría, confianza, belleza, color, actividad, dinamismo, fecundidad, vida; y en
todos estos sentidos Jesucristo es la luz del mundo. 10 “Yo soy la luz del
mundo”, así como hay una visión de nuestros ojos materiales a la que corresponde
una luz material, así hay otra visión para las facultades del espíritu que habla
a la inteligencia, a la razón, pero hay otra visión superior que es la
revelación, la fe. Nuestros ojos solo pueden ver el mundo material, las figuras,
los colores. Nuestra razón ve más que nuestros ojos, y nuestra fe ve un mundo
extenso, y aun las mismas cosas que caen dentro del orden natural, con las luces
de la revelación y de la fe, parece que las penetramos más hondo, hasta el más
íntimo núcleo de su ser. ¡Qué triste la vida de un pobre ciego que ha perdido la
luz material de sus ojos, y va deambulando haciendo sonar contra las aceras su
bastón y vendiendo su pequeña lotería! ¡Qué penosa su vida, qué triste, qué
cansada! No ve el azul del cielo, ni los matices de las flores, ni el fulgor de
tus ojos, ni el plumaje de los pajarillos, ni las maravillas del arte. “Yo soy
la Luz del mundo”, y, sin embargo, la luz vino a este mundo y el hombre ha amado
más las tinieblas que la luz. Era una lucha, un esfuerzo, una contienda entre
las tinieblas y la luz. Hay regiones de sombra, hay otras de penumbra; pero
nosotros hemos sido plenamente iluminados por la misericordia de Dios. Brilla la
luz de Jesucristo en esas almas santas, y decimos nosotros: ¡si hubiera muchas
antorchas con esa luz de Jesucristo! ¡Si yo me pareciera a ellas y esa luz
refulgiera en mis ojos como en los suyos! Luce en el Sagrario, ¡no como una
pequeña lámpara, sino con el gran resplandor de Dios! Él, que sabe velarse para
no herir los heridos ojos, los tristes ojos del hombre, sin embargo, ilumina al
que llega con fe hasta Él. ¡Ojalá abramos los ojos y no queramos las tinieblas!
Hubo un momento en que el hombre se acercó con mala voluntad a Jesús y el Señor
le dice: “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. Parece; Maestro que
otra vez las tinieblas del ateísmo, del desprecio de Dios envuelven al mundo y
están en el poder. “Esta es vuestra hora”. No sabemos hasta qué punto y hora
querrá Dios que nos vaya envolviendo las oleadas de miedo y de frío de las
tinieblas. ¡Oh Jesús, luz del mundo! ¡Levántate más alto que el sol, más que
todos los montes de la tierra!, y haz que se vea que eres la luz del mundo y que
llegue el momento en que las tinieblas pierdan su poder y por todas partes
luzcan los resplandores de tu luz.” (Novena al Corazón de Jesús, día 5o, del P.
Reina sj) Orar es tener a María como maestra y como modelo de mi vida: “Sí, yo
tengo para mí también que el amor al Corazón de Jesús es algo necesario para
adentrarnos en el conocimiento íntimo de Cristo; así también si nosotros
queremos ir a Jesucristo: hemos de ir por el camino de la Virgen Santísima. Ella
nos llevará a Jesucristo y esto no es una exageración. No sé si vosotros
recordáis esta anécdota: Francisco de Asís veía una vez dos escalas que se
levantaban desde la tierra hasta el cielo. En el remate de una de esas escalas,
allá en el cielo, estaba Jesucristo. En la otra estaba la Virgen Santísima. La
primera escala era roja, la otra una escala azul. Él veía que muchos subían por
la escala primera mirando a Jesucristo. Emprendían el camino con grandes
arrestos, pero no todos llegaban a arriba. Había muchos que caían. En cambio,
vio que todos sin excepción, los que subían por la escala azul mirando a la
Virgen Santísima, llegaban al cielo. Por eso él procuró que todos sus hijos
fueran por esa escala. Ha dicho un acertadísimo autor: "El que quiere ir a
Jesucristo sin contar con la Santísima Virgen no solo no acorta el camino, sino
que lo alarga.” De tal manera que casi le será imposible ir a Cristo. Santo
Tomás de Aquino nos dice que de dos maneras podemos nosotros esperar en una
persona: como principal o como intermediaria. Un individuo quiere obtener una
gracia de un rey, de un emperador, de un jefe de una nación. Claro, ya sabe que,
de ese rey, de ese emperador, de ese jefe, es de quien puede recibirla, que es
quien se lo puede conceder. Pero él busca un intermediario y con toda razón ese
individuo puede poner su confianza en el intermediario. Eso lo estamos viendo en
el orden Pues eso mismo podemos nosotros aplicarlo al orden espiritual, según
nos dice Santo Tomás de Aquino. De manera que tenemos que esperarlo todo siempre
de Jesucristo. Él es el medianero principal entre Dios y los hombres, pero Él
nos ha puesto por intermediaria a la Virgen Santísima. Queremos salvarnos.
Queremos santificarnos. La Virgen Santísima nos modelará a imagen y semejanza de
Jesucristo. 11 Os voy a demostrar que no es exageración: Nosotros tenemos que
vivir dentro del Corazón de la Virgen Santísima. ¿No recuerdas tú que Jesús en
el Evangelio dijo claramente (y hablando de la Eucaristía) "El que come mi carne
y bebe mi sangre morirá en Mí y yo en él", es decir que ¿Él nos tendrá en su
Corazón si Pues si Cristo te tiene dentro de su Corazón, ¿será una audacia
demasiado extraordinaria el que nosotros le pidamos a la Virgen Santísima, que
es nuestra Madre que nos conceda esa gracia que tan necesaria nos es a nosotros.
Somos indignos, pero precisamente por eso es somos indignos, que somos pobres
pecadores, tenemos que poner en Ella nuestra confianza y volcamos en ese Corazón
Bendito de nuestra Madre para que Ella sea la que nos lleve a Jesucristo. Vivir
siempre dentro del Corazón de la Virgen. Hay muchas almas que sienten que viven
dentro del Corazón de la Virgen. Esas almas viven una vida felicísima. ¿Por qué?
Porque cuentan con la Virgen Santísima para todo porque respiran, como si
dijéramos, ese aroma de pureza, de azucenas, de virginidad que emana del Corazón
de la Virgen Santísima. Ante su nombre retrocede Satanás. Lo primero tenemos que
tener esa confianza. Ya tú sabes que por poco que viva el hombre sobre la Tierra
cuando quiera encontrar a su madre tendrá que ir al cementerio y allí va ¿Qué es
lo que encuentra? Unas cenizas que no pueden caldear su corazón. Pero nosotros,
además de amar a la Virgen Santísima, tenemos que mostrarle amor. ¿Cómo? Pues
mira, los autores sagrados, generalmente nos dicen lo siguiente: Nos hace falta
a nosotros el parecernos a Jesús, nos hace falta la semejanza con Jesús porque
muchas veces (lo hemos visto) una madre besa, acaricia a un niño porque se
parece a su hijo. Hasta ahí llega el corazón de una madre. La Virgen Santísima
que vea en nosotros rasgos de Jesucristo, que nosotros procuremos identificarnos
con Cristo y nos identificaremos si lo recibimos en la Eucaristía con verdadero
amor y nos compenetramos con Él y le decimos: "Señor, ya eres Tú el que vives en
mí". Si yo procuro de tal manera amar a Jesús que mi vida sea Él y quiero tener
sus sentimientos y quiero tener sus afectos y quiero vivir solamente para Él,
entonces yo seré completamente feliz. Entonces yo estaré seguro de que la Virgen
Santísima me mira a mí como hijo predilecto, porque yo quiero amar mucho a
Jesús, yo quiero asemejarme a Él. Como yo soy flaco, soy pobre, yo sé que tendré
muchos traspiés en mi vida, ¿qué tengo que hacer? Decirle a la Virgen que Ella
me haga semejante a su Hijo. Que Ella me moldee a mí a imagen y semejanza de
Jesucristo. Que ella es nuestra Madre. Nos encontramos con lo siguiente:
Independientemente de que el Señor en el Calvario, antes de morir, le dijo a
Juan: "Ahí tienes a tu Madre”, la Virgen era Madre nuestra desde el momento en
que pronunció el "Fiat", desde el instante en que Ella consistió en ser Madre de
Dios, porque es Madre de Jesucristo. Todos estamos injertados en Cristo. Somos
algo de Cristo. Somos una prolongación de Cristo. Con frase impropia, pero que
nos entra por los sentidos, somos un pedazo de Cristo. La madre le dice a su
hijo que es un pedazo de sus entrañas. Pues así es la verdad. Somos un trozo,
algo de Cristo. Por eso, Ella, la Virgen, nos ama a nosotros. Ella nos tiene que
conformar a Cristo. ¡Como la Santísima Trinidad preparó a la Santísima Virgen
para que fuese Madre de su Hijo!¡Madre! Todo el parecido físico lo tuvo que
tomar de Ella. Pero no solamente sentimientos y sus criterios y todo lo demás
eran los de Jesús. No ha habido ningún corazón que haya sintonizado con el
Corazón de Jesús como el de su Madre Santísima. Había estado siempre unida a Él
y por eso nosotras ¿qué tenemos que hacer? Tenemos que decirle a la Virgen que
nos moldee a imagen y semejanza de Jesús. Queremos parecernos a Él. Que ella nos
injerte en Cristo. Que Ella nos meta más y más en Cristo y que, así como Ella
formó a Cristo en su seno, así a nosotros nos forme dentro de su Corazón con
sentimientos de Cristo, con afectos de Cristo, con amores de Cristo.” (Plática
Amor a la Santísima Virgen. Camino de santidad de los EE del P. Reina sj) Juan
José Espinosa Jiménez Sacerdote diocesano de Toledo.
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