“Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”. (San Jerónimo)En la Iglesia Católica, el mes de septiembre es conocido como el mes de la Biblia.
Esto es debido a que el 30 de septiembre se celebra la festividad de San Jerónimo, quién tradujo la Biblia al latín conocida como Vulgata. Esta Biblia fue la versión oficial durante mucho tiempo, facilitando de este modo el acceso a un público más amplio.
En este tiempo especialmente, la Iglesia Católica le dedica más tiempo al texto sagrado, su estudio y reflexión, reconociendo la importancia en cada vida.
Por este motivo, se desarrollan algunas actividades que permiten el acercamiento a la Biblia para que sea la Palabra de Dios la que vertebra toda la actividad en las comunidades cristianas.
La lectura diaria de los textos bíblicos es una ayuda excelente para profundizar en la Palabra de Dios, unidos de esta manera a toda la Iglesia. Podemos destacar el método de hacer oración conocido como la lectio divina que suscita un encuentro personal con Dios.
La lectura orante de la Palabra, realizada en comunidad, nos pone en sintonía con la voluntad de Dios. Es un ejercicio clave para el crecimiento en la fe. Todos aprendemos juntos y nos enriquecemos con el aporte de cada uno.
Otra posibilidad para introducirnos en la oración del texto bíblico es a través de los salmos. Recogen la oración del pueblo de Dios, en ellos podemos encontrar una fuente inmensa de inspiración para la oración. Aprender a rezar con ellos es una «puerta siempre abierta» para el encuentro con nuestro creador.
Hoy en día podemos resaltar cómo los laicos se preocupan para profundizar en el estudio de la Palabra, considerándola guía para cada día, y de ello se destaca la entronización de la misma en medio de la casa o comunidad, considerándola en el centro de su vida ya que nos ayuda a crecer en el seguimiento de Jesús y su Evangelio.
